Ese día me levanté con el pié izquierdo. ¿A alguien le ha pasado?

derrepente se desencadena una serie de circuntancias que le ponen a uno los nervios de punta y hasta que el día no termina, no encontramos paz. Dicen que el dinero no lo es todo y yo sostengo esa teoría, sin embargo, cuando se pierde de una manera tan estúpida duele.

Resulta que ayer como todos los miercoles, me debía levantar más temprano de lo acostumbrado para llevar a mi hija a la escuela y como ayer ella tenía clase de deporte, debía llevar el bolso con la ropa y las botas para cambiarse, ¡pero el bolso no estaba por ningún lado!, simplemente ¡se desapareció!.

Mi esposo, mis hijas y yo buscamos por todas partes sin éxito. Primero,  en el lugar donde siempre lo colgamos: el ropero que está en el pasillo de la entrada, luego en los armarios, debajo de los muebles, encima del escaparate, detrás del mesón de la cocina, ya no quedaba ningún espacio del apartamento donde no hubiésemos buscado. Solo faltaban cinco minutos para comenzar la clase, así que decidimos llevar la niña a la escuela sin su bolso de deporte y sin sus botas, debía hacer los ejercicios descalza.

El bolso de deporte y el parque

Ustedes dirán que un bolso no tiene importancia, pero aquí en Alemania los útiles escolares cuestan mucho dinero y perder un bolso con todo lo que tenía dentro: ropa deportiva (50 euros), botas (60 euros), la botella de agua (20 euros) y el bolso (20 euros)= total 150, tal vez no sea motivo de angustia pero si que da rabia.

Nos pusimos a pensar dónde podía estar el bolso, cuando en ese momento caímos en cuenta que la última vez que lo vimos fue el miercoles antes de la semana de carnaval. Ese día, cuando recogí a mi hija fuimos al parque que está cerca de la escuela y lo más probable era que ella había dejado el bolso olvidado ahí, sobre una de las bancas.

Lo que más rabia me dio fue haberme dado cuenta diez dias después. Pero mi intuición me decía que lo podíamos recuperar, así que decidí confiar en la bondad de la gente y pegué unos cartelitos que yo misma hice en las cercanías del parque. En el cartel coloqué una foto del bolso con su descripción y al final puse: “nos alegraría mucho recuperar nuestro bolso, si tiene información sobre él, por favor comuníquese al número de teléfono…”

La llamada telefónica y la alegría de tísico

Ese mismo día que pegué los carteles recibí una llamada telefónica de alguien con una voz difícil de identificar, podía ser un niño, niña, mujer o una anciana. Esa persona me dijo: “buenas tardes señora llamo para comunicarle que tengo su bolso” ¡ wow! pensé, mis carteles funcionaron. Acto seguido, le pregunté a esa persona dónde nos podíamos reunir para buscar el bolso.

“En la entrada de la escuela” dijo. Me pareció un buen punto de encuentro y acepté. “En 5-10 minutos estaré ahí” le dije. El o ella respondió “muy bien, ahí le espero”. Me fui corriendo para llegar rápido y no dejar a este ser caritativo esperando, después de todo me estaba haciendo “un gran favor”.

Cuando llegué al punto de encuentro, no había nadie. Miré hacia la derecha, la izquierda, hacia atrás, incluso entré en la escuela y pregunté si alguien había dejado un bolso de deporte para mí ahí. “No” respondió a secas una señora que estaba limpiando. ¿Se habría cansado de esperar por mí?, pues había llegado 2 minutos más tarde de lo acordado, lo cual sería motivo más que suficiente para un obsesivo de la puntualidad dejar de esperar. Era posible que en esos dos minutos se hubiese cansado e ido.

Decidí llamar y preguntar dónde estaba: “Disculpe, estoy en la entrada de la escuela pero no veo a nadie aquí”. “Es que me vine al parque que está cerca de la escuela” respondió. Quizá era una señora con un niño pequeño que estaba inquieto y se fue al parque cercano para esperar ahí, “tiene sentido” pensé y fuí al parque pero…

En el parque tampoco había nadie. Aquí comencé a sospechar “me están vacilando” pero una corazonada me decía que no, que aún no estaba todo perdido y llamé otra vez. “Aló, estoy en el parque pero no veo a nadie aquí ” dije. La persona que estaba al otro lado del teléfono me respondió “yo tambien estoy en el parque”, a lo que pregunté: “¿a qué parque se refiere?, yo estoy en el parque cerca de la escuela”. El dijo, “si, pero yo estoy en el parque que está cerca del semáforo”. “¿Semáforo? ¿cuál semáforo?, yo no sé a qué semáforo se refiere le dije y el contestó “el semáforo que está detrás de la escuela”.

“Si no sabe cuál semáforo entonces vaya a la estación del metro Wallgraben que está detrás de la escuela y allá esperaré” concluyó. Yo quise darle una tercera y última oportunidad, “quizá es un malentendido, quizá se trate de alguien de buena voluntad” pensé. Al fín llegué a la estación del metro y adivinen qué…

No había nadie. Nadie que sostuviera un bolso fucsia en la mano y esperara por mí. La cabeza me hervía de la rabia. Un niño me había vacilado por una hora, pero lo raro es que en todo momento se mantuvo serio y cuando hablé con el/ella me dio la impresión de que no era juego porque nunca se rió. Normalmente cuando los jóvenes hacen este tipo de bromas, sueltan la carcajada y le dicen a uno lo tonto que fue y se burlan de como uno cayó por inocente.

Lo llamé por última vez. Le dije “¿cómo es posible que usted se haya reído de mí y me haya dicho que tenía el bolso de mi hija pero todo fue parte de un chiste?”, a lo que respondió “¿bolso? ¿estación del metro? ¿Wallgraben? ¿De qué habla, no entiendo? En ese momento perdí mi esperanza en la humanidad. Y lloré de la rabia, caminé mientras respiraba profundo para calmarme pero necesitaba desahogarme.  Llamé por teléfono a mi esposo para contarle pero no me respondió, estaba ocupado.

Yo necesitaba preguntarle a alguien si se podía denunciar a una persona por vacilarselo a uno por teléfono, pues en Alemania muchas cosas son penadas con una multa, incluso por hacer un gesto grosero con la mano.  Así que llamé a la comisaría de policía, total no tienen mucho qué hacer, seguro están comiendo un brezel o tomando café.

Hablé con el policía y le conté lo sucedido. El policía como me lo imaginé no tenía mucho qué hacer y escuchó mi historia muy atentamente. Pero igual no me ayudó. Yo le pregunté si era posible que el llamara a esa persona y le hiciera una advertencia o si se trataba de un niño quizá podía hablar con sus padres y decirles algo. ¡Esto no se podía quedar así! Pero no habían esperanzas, el policía solo se expresó con un “señora a usted la jodieron y no hay nada que podamos hacer”

Hoy antes de llevar a mi hija a la escuela me di cuenta que estaba lloviendo. Le dije “debemos llevar el paraguas si no quieres que lleguemos mojadas”.  Le pregunté ¿sabes dónde está tu paraguas de colores? y ella me dijo “claro mamá, donde siempre lo cuelgo” y sin pensarlo dos veces buscó entre las camisas colgadas del ropero que está en el pasillo de la entrada. Ahí estaba el paraguas de colores y no solo eso: el bolso de deporte que colgaba de una de las varillas de metal.

Fin.-

2 comments

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Commentarios recientes

  • ruth-hg 28. Septiembre 2017 at 23:41 on El bolsoHola Marina Martínez! Muchas gracias por leer!!
  • Marina Martínez 28. Septiembre 2017 at 15:55 on El bolsoQue odisea¡¡ Me está gustando leerte. Saludos desde Ingolstad.

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